El mototrabajo: historia de un oficio nacido de la exclusión laboral

Cuando el trabajo nació de la necesidad

El mototrabajo no nació de un plan, ni de una política pública. 

Nació de la urgencia.

En los años noventa, cuando el desempleo golpeó con fuerza a Colombia y las oportunidades formales se volvieron escasas, miles de personas encontraron en la motocicleta algo más que un medio de transporte: la convirtieron en su herramienta de trabajo. Domicilios, mensajería, transporte personalizado, cobranzas. No porque fuera fácil, sino porque era posible.

Muchos de los que tomaron ese camino venían del campo, de territorios olvidados o golpeados por la violencia. Llegaron a las ciudades —o se quedaron en zonas apartadas— con pocas opciones y muchas responsabilidades. La moto apareció como una respuesta inmediata: no perfecta, no segura, pero real.

Con el tiempo, lo que parecía una salida individual se transformó en un fenómeno social presente en todo el país. Sin embargo, esa presencia nunca significó reconocimiento. Trabajábamos todos los días, pero no existíamos en las cifras, ni en las decisiones, ni en los debates.

En 2011, esa necesidad de existir tomó forma colectiva con la creación del Sindicato Único Nacional de Mototrabajadores de Colombia (SUNMCOL), afiliado a la CUT. No nació desde la comodidad, sino desde la precariedad. Desde la urgencia de organizarnos para decir: aquí estamos.

A pesar de su aporte cotidiano a la economía, la realidad laboral del mototrabajador sigue siendo frágil. No hay contratos, la seguridad social es un privilegio, los ingresos son inestables y los riesgos —accidentes, sanciones, exclusión— se asumen en soledad. La informalidad no es una elección romántica: es, muchas veces, la única opción disponible.

Formalizar tampoco es sencillo. Los costos, los trámites y las exigencias legales superan las posibilidades de quienes apenas logran sostener el día a día. Así, la precariedad se repite y se hereda, afectando no solo al trabajador, sino también a pequeños emprendimientos que nunca logran despegar.

Hablar del mototrabajo no es solo hablar de motos. Es hablar de personas, de ausencia de oportunidades y de un Estado que llega tarde o no llega. Reconocer esta labor, reducir las barreras y fortalecer la organización colectiva no es un favor: es un paso necesario hacia un modelo laboral más justo e incluyente.

Por: Miller Daza


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