SUNMCOL y el Espejismo de la Armonía de Clases:
El espejismo de la armonía de clases:
la OIT y las dos ruedas del mototrabajador en Colombia
La Jornada Mundial por el Trabajo Decente evidencia la profunda brecha entre los principios de la Organización Internacional del Trabajo y la precariedad de quienes operan en la informalidad laboral mediante motocicletas.
Frente a los pilares de ingresos justos, protección social, derechos laborales y diálogo social, este sector enfrenta ganancias inestables, ausencia de seguridad social, falta de contratos y barreras para la organización gremial. Para cumplir con el objetivo de un crecimiento inclusivo, las agendas políticas deben trascender la conmemoración y avanzar hacia marcos regulatorios que garanticen la protección de estos trabajadores.
La política tripartita de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) —que propone un diálogo armonioso entre gobiernos, empleadores y trabajadores— parte de una premisa liberal profundamente idealista: la posibilidad de conciliar los intereses del capital y del trabajo bajo el manto de la "justicia social". Sin embargo, desde la perspectiva de los sectores organizados Sindicalmente, este tripartismo no es más que un mecanismo de pacificación y cooptación institucional.
Lejos de resolver la contradicción fundamental entre la acumulación de capital y la explotación de la fuerza de trabajo, el modelo corporativista de la OIT diluye el conflicto de clases y legitima las estructuras burguesas, asumiendo falsamente que el explotador y el explotado pueden negociar en igualdad de condiciones.
Esta desconexión teórica encuentra su reflejo más crudo en la periferia del capitalismo global. En Colombia, la experiencia de los últimos 26 años (un ciclo marcado por las reformas neoliberales, la precarización radical y la destrucción del empleo formal) demuestra que la "armonía" tripartita es un mito.
El nacimiento y la resistencia del Sindicato Único Nacional de Mototrabajadores Agrarios de Colombia (SUNMCOL) —gestado desde la base del "rebusque" a partir del año 2003— encarnan la contradicción viva de este modelo.
El mototrabajador colombiano no encaja en las cómodas categorías de la
OIT:
- El
falso empresario de sí mismo: El capitalista
moderno y el Estado han expulsado a millones de personas del mercado
formal, obligándolas a adquirir una motocicleta como medio de producción
para vender su fuerza de trabajo en las calles.
- La trampa de la exclusión legal: Para la institucionalidad y los gremios económicos de la Comisión Nacional de Concertación, estos trabajadores simplemente "no existen" como sujetos de derecho laboral. Son perseguidos bajo políticas de movilidad locales o tildados de "ilegales" mediante decretos restrictivos, mientras el sistema financiero y las corporaciones multinacionales de plataformas o ensambladoras absorben de manera indirecta el valor excedente de sus extenuantes jornadas.
Para SUNMCOL, los últimos 26 años no han sido de "diálogo social", sino de guerra jurídica, persecución policial y movilización callejera. Mientras el gobierno colombiano simula ante Ginebra el cumplimiento de los convenios internacionales, en las calles de Popayán, Florencia, Pasto, Cali, Bogotá, Cúcuta, Bucaramanga y municipios de Colombia, los mototrabajadores organizados disputan a diario el derecho humano al pan y al sustento familiar.
La experiencia histórica de SUNMCOL referencia que el trabajo digno no
se concede en mesas burocráticas tripartitas donde el capital tiene el veto del
poder; se conquista cuando los desposeídos reconocen su condición de clase
explotada y transforman la motocicleta —su herramienta diaria de explotación— en
una trinchera de organización colectiva.
Junta directiva SUNMCOL NACIONAL
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